AutorPlatón428 a. C.–348 a. C.El Fedro es un diálogo de Platón, de la fase de madurez de su obra, probablemente compuesto hacia el año 370 a. C., por las mismas fechas aproximadas que La República y El banquete. Aunque a primera vista trata sobre el amor, la conversación se extiende a la retórica y a su correcto ejercicio, a la naturaleza del alma, a la locura y a la inspiración divina, e incluso a la metempsícosis, la creencia griega en la reencarnación.
La escena se sitúa a las afueras de Atenas. Fedro acaba de escuchar en casa de Epicrates un discurso sobre el amor del orador Lisias, y Sócrates, ávido de palabras, sale con él al campo para que se lo repita. Bajo un plátano junto a un arroyo, el diálogo avanza en forma de discursos y réplicas. A diferencia de otros diálogos, no hay un narrador intermedio: se nos presenta directamente la voz de Sócrates y de Fedro, sin capas de relato.
El núcleo argumentativo arranca con tres discursos. El primero, de Lisias, sostiene que es preferible entregarse a quien no ama que a quien está enamorado, porque este último está fuera de juicio. El primer discurso de Sócrates, que se presenta como mejor, distingue entre el deseo guiado por la razón y el deseo desenfrenado. Tras una pausa en la que Sócrates sostiene que el amor es un dios y no puede ser malo, pronuncia un segundo discurso en el que defiende que cierta locura, la que procede de los dioses, es fuente de bienes. Distingue cuatro formas de locura divina: la profética, de Apolo; la ritual o iniciática, de Dioniso; la poética, de las Musas; y la erótica, de Afrodita y Eros.
De ahí surge la célebre alegoría del carro alado: el alma es un auriga que conduce dos caballos, uno noble y otro indomable. Las almas, aladas, siguen a los dioses en su recorrido por la verdad; quienes pierden las alas caen a la tierra y pasan por distintas vidas según la cantidad de verdad que hayan contemplado, hasta nueve destinos posibles. La filosofía, mantenida durante tres vidas, permite recuperar las alas.
La segunda mitad se ocupa de la retórica. Sócrates sostiene que el buen discurso exige conocer la naturaleza de las almas y de las cosas, y critica a los maestros de retórica que enseñan recetas sin fundamento. Como ejemplo cita a Pericles, formado con Anaxágoras. Finalmente, el diálogo aborda la escritura a través del mito de Theuth y del rey Thamus: la letra no proporciona verdadera sabiduría, sino un recordatorio externo que puede debilitar la memoria. Esta crítica, que Platón pone en boca de Sócrates, se ha leído como una de las primeras reflexiones sobre los medios de comunicación escritos.
El Fedro ha tenido una influencia duradera tanto en la filosofía, por su teoría del alma y del conocimiento, como en la literatura, por la belleza de sus descripciones del enamoramiento y su imagen del carro alado, muy citada en la tradición occidental.
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- Phaedrus InglésEPUB 138 KBLeer en línea
Otras obras de Platón
- Critón 400 a. C.
- Eutifrón 400 a. C.
- Apología de Sócrates 395 a. C.
- Timeo 359 a. C.
- La República 1963
- El banquete
- Fedón
- Gorgias
- Menón
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- Ion
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