AutorSøren Kierkegaard1813–1855Discursos cristianos es una obra de Søren Kierkegaard publicada en danés en 1848, en un momento en que el autor vivía en Copenhague y atravesaba uno de los periodos más intensos y productivos de su carrera. Kierkegaard llamó a 1848 el año más rico y fecundo de su vida como escritor, y este libro fue uno de sus frutos principales. Apareció el 26 de abril de ese año, poco después de su libro anterior, Discursos edificantes en diversos espíritus (1847), al que da continuidad con una pregunta similar: cómo puede ser ligera una carga si el sufrimiento es pesado, y cómo la felicidad de la eternidad puede superar incluso el más duro padecimiento temporal.
A diferencia de sus obras seudónimas, que Kierkegaard firmaba con nombres ficticios y que obligaban al lector a un trabajo de interpretación, estos discursos se presentan con su nombre y con una intención declaradamente religiosa. Kierkegaard prefirió el término «discurso» al de «sermón», porque el sermón presupone una autoridad que el autor se niega a reclamar: repitió que no tenía autoridad para predicar y que no se consideraba maestro. Por eso los llamó discursos cristianos ofrecidos «con la mano derecha», frente a los escritos seudónimos ofrecidos «con la izquierda».
La obra consta de veintiocho discursos, agrupados en cuatro partes de siete. El recorrido va desde el hombre que vive preocupado por las cosas de este mundo, al estilo del pagano, hasta el cristiano que sufre y se sabe ante Dios. La introducción toma como punto de partida el pasaje de Mateo 6,24-34: el pájaro y el lirio son los maestros que enseñan a abandonar las inquietudes, porque no juzgan ni condenan a nadie. La primera parte, «Los cuidados de los paganos», examina las preocupaciones universales y de la vida cotidiana, como el sustento, la humildad, la grandeza, el orgullo o la ansiedad por el día siguiente, y termina con la elección entre servir a Dios o a los bienes del mundo.
La segunda parte, «Estados de ánimo en la lucha del sufrimiento», es quizá la más conocida. En ella Kierkegaard desarrolla una suerte de ironía cristiana: la adversidad es prosperidad, el sufrimiento es victoria, y quien se hace pobre enriquece a los demás. Contrapone los bienes materiales, que se reparten a regañadientes, a los bienes espirituales, que se comunican y benefician a todos, en un gesto que algunos han leído como respuesta implícita al mundo económico que describía el Manifiesto comunista, publicado unos meses antes. La tercera parte, más polémica, busca «herir por detrás», apelando a versículos bíblicos que incomodan al lector acomodado y lo acercan a la autoridad de Dios. La cuarta combina sencillez y gravedad con la reflexión sobre conceptos cristianos fundamentales.
La recepción de la obra ha sido desigual. Muchos lectores la consideran de los textos más accesibles de Kierkegaard para comprender su pensamiento religioso, y su idea de que el sufrimiento conduce a la eternidad ha influido en la teología y en la reflexión sobre la fe. Otros la han visto como un discurso demasiado exhortativo. En cualquier caso, ocupa un lugar central en la producción de Kierkegaard de su madurez, cuando buscaba que el lector pasara de la curiosidad intelectual a la responsabilidad ante Dios.
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