AutorTerencio184 a. C.–158 a. C.La suegra (Hecyra) es una comedia de Terencio, dramaturgo romano del siglo II a. C., y la segunda de sus seis obras conservadas. Se representó por primera vez en el año 165 a. C., durante la edilidad de Sexto Julio César y Gneo Cornelio Dolabela, y es probable que siga de cerca un modelo griego, la obra homónima de Apolodoro de Caristo, que se ha perdido, por lo que no puede medirse con precisión cuánto hay de original en Terencio.
Su representación fue accidentada. El primer intento se vio interrumpido cuando el público se marchó al correrse el rumor de que iban a actuar un funámbulo y unos boxeadores. En el segundo, en 160 a. C., la función fue suspendida tras un altercado provocado por seguidores de combates de gladiadores que asaltaron el teatro. La obra logró representarse con éxito en un tercer intento ese mismo año. Los estudiosos discuten si fue un fracaso real, pues no se conservan datos sobre reposiciones posteriores.
La trama gira en torno a Pánfilo, un joven ateniense enamorado de la cortesana Báquide, a quien su padre obliga a casarse con Filúmena, hija de un vecino. Pánfilo se resiste a consumar el matrimonio, con la esperanza de que su esposa se harte y lo deje, pero acaba enamorándose de ella. Durante un viaje para cobrar una herencia, Filúmena, que había sido violada antes de la boda, queda embarazada y regresa a casa de sus padres, donde evita el contacto con su suegra, Sóstrata, a quien se acusa injustamente de maltrato. Al nacer la niña, Pánfilo cree que la criatura no es suya y rechaza a su esposa, mientras los ancianos sospechan que sigue unido a Báquide. El desenlace llega cuando Báquide reconoce en el dedo de Filúmena un anillo que Pánfilo le había regalado, lo que revela que el padre es él mismo.
La obra destaca por la complejidad de sus personajes, en especial las matronas, Sóstrata y Mírrina, mujeres virtuosas y comprensivas, y por la figura de Báquide, una cortesana noble que ayuda a salvar el matrimonio. Terencio combina el enredo con una reflexión sobre la comprensión humana, el ideal de humanitas que tanto admiró la posteridad. Entre los personajes, el esclavo Parmenón sirve sobre todo para exponer la situación y para mantener al público en la intriga, pues está casi siempre apartado de lo que ocurre.
Su influencia posterior fue moderada, aunque se detectan ecos en obras renacentistas como La suocera (1557), de Benedetto Varchi, y Negromante (1530), de Ariosto. En la literatura española, Cervantes presenta un cuadro familiar análogo en La fuerza de la sangre, una de sus Novelas ejemplares. Ya en el siglo XIX, Alexandre Dumas (hijo) evoca en La dama de las camelias (1848) el mismo ideal terenciano de comprensión humana.
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