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Heautontimorumenos

comedia latina

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TerencioAutorTerencio184 a. C.–158 a. C.

El Heautontimorumenos (en castellano, «El que se atormenta a sí mismo») es una comedia escrita en latín por Publio Terencio Africano, dramaturgo de la época republicana. Fue representada por primera vez en el año 163 a. C., según la cronología consular, y se conserva como la tercera de las seis comedias de Terencio según las didascalias. Algunos estudiosos, como L. Gestri y R. Blum, han defendido a partir del análisis de los prólogos que debería ocupar el quinto lugar. La obra se basa en una comedia homónima de Menandro, de la que apenas se conservan fragmentos, por lo que resulta difícil determinar cuánto de la pieza de Terencio es traducción y cuánto invención propia. Terencio declara en el prólogo haber duplicado la trama del original griego.

El título alude a Menedemo, un anciano ateniense que se castiga con trabajos agotadores en sus campos. Su hijo Clinia, reprendido por su relación con una joven sin fortuna, ha huido al extranjero para alistarse como soldado. La trama, sin embargo, se centra en el enredo amoroso, como era habitual en la comedia helenística. Clinia regresa porque ama a Antífila, y su amigo Clitifón, hijo del vecino Cremes, mantiene un vínculo con la cortesana Baquis. Los dos jóvenes intentan engañar a sus padres y, sobre todo, conseguir el dinero que Clitifón necesita para su relación. La intriga se resuelve de forma feliz: se descubre que Antífila es hija perdida de Cremes y puede casarse con Clinia, mientras Clitifón abandona a Baquis para tomar esposa de buena familia.

La obra tuvo notable fortuna en la Antigüedad; según Varrón seguía representándose en el siglo I a. C., y unas inscripciones de Pompeya muestran que el personaje de Menedemo seguía siendo popular un siglo después. Su influencia perduró en la Edad Moderna: Ariosto la imitó en la Cassaria y en los Suppositi, Fagan la tomó como modelo para L'Inquiet en Francia, y Baudelaire usó la expresión para el poema LXXXIII de Las flores del mal. En España, el Marqués de Santillana recogió consejos de sus páginas y Lope de Vega dejó huellas de ella en algunas de sus comedias. Su verso más citado, «Homo sum, humani nihil a me alienum puto» («Soy hombre, y nada de lo humano me es ajeno»), ha sido recordado por autores antiguos y modernos, y su eco llega hasta el Concilio Vaticano II.

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