AutorHarold Pinter1930–2008La fiesta de cumpleaños es la primera obra teatral de larga duración de Harold Pinter. Se estrenó en 1958 y se publicó al año siguiente, y es hoy una de sus piezas más conocidas y representadas. Pinter comenzó a escribirla en el verano de 1957, mientras actuaba en gira con la obra Doctor in the House; él mismo recordaría después que escribió la gran escena del interrogatorio en un camerino de Leicester.
La acción transcurre en una pensión venida a menos, situada en una localidad costera inglesa, probablemente en la costa sur y no muy lejos de Londres. Meg y Petey, el matrimonio que la regenta, preparan una pequeña celebración por el cumpleaños de Stanley Webber, un antiguo pianista que vive allí y que parece haber perdido el rumbo. La llegada inesperada de dos desconocidos, Goldberg y McCann, convierte esa reunión sencilla en una pesadilla. Los visitantes van a buscar a Stanley con un propósito que nunca se aclara del todo, y su presencia genera una amenaza creciente que el texto nunca termina de explicar.
El argumento se articula en tres actos. El primero presenta el desayuno cotidiano y la llegada de los forasteros. El segundo es el de la fiesta, con sus brindis, un juego de la gallina ciega y un interrogatorio cada vez más asfixiante que deja a Stanley al borde del colapso. El tercero repite, con variaciones, la escena inicial del desayuno, ahora marcada por las consecuencias de lo ocurrido la noche anterior: Stanley se marcha con los dos hombres y Petey, que apenas se atreve a intervenir, no revela la verdad a su mujer.
La crítica suele clasificar la obra como una "comedia de la amenaza", término que se popularizó con el crítico Irving Wardle, y Martin Esslin la sitúa dentro del teatro del absurdo. Están presentes rasgos que se volverían característicos de Pinter: la ambigüedad de la identidad, la confusión del tiempo y el lugar, el lenguaje que se desmorona en pausas y evasivas, y una posible lectura política en la figura de los interrogadores. Muchos de sus datos expositivos resultan imposibles de verificar, pues los personajes se contradicen y no es posible tomar sus palabras al pie de la letra.
Su estreno mundial tuvo lugar en el Arts Theatre de Cambridge en abril de 1958 y fue bien acogido. Sin embargo, al llegar a Londres en mayo de ese año, en el Lyric Opera House de Hammersmith, fue un fracaso comercial y, en buena medida, de crítica, y cerró tras apenas ocho funciones. Su fortuna cambió la semana siguiente gracias a la reseña de Harold Hobson en The Sunday Times, titulada "The Screw Turns Again", que rescató su reputación y la encaminó hacia el canon del teatro moderno. En 2008, con motivo del cincuentenario, el Lyric la repuso bajo la dirección de David Farr.
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