AutorWilliam Hazlitt1778–1830Caracteres de las obras de Shakespeare es un libro de crítica publicado en 1817 por el ensayista y crítico inglés William Hazlitt (1778–1830). Su composición responde a la lectura neoclásica de Shakespeare representada por Samuel Johnson, y a la nueva sensibilidad que había introducido el crítico alemán August Wilhelm Schlegel. Fue uno de los primeros estudios en lengua inglesa sobre las obras de Shakespeare en esa línea, y junto con la obra de Samuel Taylor Coleridge contribuyó a la valoración creciente del genio shakespeariano que caracterizó la crítica de la segunda mitad del siglo XIX. Fue además el primer libro que abarcaba la totalidad de las obras de Shakespeare, concebido como guía para el lector general.
Hazlitt se había dado a conocer como crítico teatral y, en sus reseñas, solía extenderse en el análisis literario de las piezas que comentaba. El origen del libro está en esas reseñas. El punto de partida fue la presentación de Edmund Kean como Shylock en Londres, en enero de 1814, y las críticas que Hazlitt dedicó a sus interpretaciones shakespearianas. Tras leer el libro de Schlegel en 1816, Hazlitt consideró que había espacio para una obra que estudiara con detalle a todos los personajes shakespearianos. Parte del material procedía de artículos previamente publicados en periódicos como el Examiner, y el resto fue escrito en 1816 y comienzos de 1817. Los capítulos abordan treinta y cinco obras consideradas auténticas, además de un capítulo sobre las obras dudosas y otro sobre los poemas y sonetos.
El centro de atención son los personajes, a los que Hazlitt se acerca con un tono personal y con frases memorables, como la célebre "Somos nosotros quienes somos Hamlet". Sus observaciones psicológicas anticipan muchas de las lecturas que habrían de imponerse en la crítica posterior. También reflexiona sobre la estructura dramática, la poesía y el tema central de cada obra, y advierte con frecuencia que la escena no puede hacer justicia a Shakespeare, aunque reconoce la calidad de ciertas representaciones, especialmente la de Kean.
El libro se vendió con rapidez en su primera edición, que apareció en julio de 1817, y tuvo una acogida muy favorable, con admiradores como el poeta John Keats. Sin embargo, la segunda edición de 1818 encontró una recepción hostil en las revistas conservadoras de la época, cuyas críticas, de tono personal y político, frenaron sus ventas. Durante décadas la obra perdió peso, y solo a finales del siglo XIX recuperó el interés de los estudiosos. En el siglo XX, críticos como A. C. Bradley tomaron en serio sus interpretaciones de personajes como Shylock, Falstaff, Iago o Caliban, aunque después se le reprochó tratar a los personajes como personas reales. Hoy se la considera uno de los tres estudios shakespearianos más notables del periodo romántico, junto con los de Schlegel y Coleridge.
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