AutorSófocles495 a. C.–405 a. C.Antígona es una tragedia de Sófocles representada por primera vez en Atenas, probablemente en el año 441 a. C., aunque algunas fuentes sitúan su estreno en 442 o 440 a. C. Forma parte de las llamadas tres obras tebanas, junto a Edipo rey y Edipo en Colono. Pese a que los acontecimientos que narra ocurren al final de la historia de la familia de Edipo, Sófocles la escribió antes que las otras dos. Se considera una de las obras más antiguas que se conservan del autor, y se sitúa en la tradición de la leyenda tebana, cuyo punto de partida es el final de Los siete contra Tebas, de Esquilo.
La acción transcurre tras la muerte de Edipo, que se exilió de Tebas. Sus hijos, Eteocles y Polinices, se enfrentaron por el trono y murieron el uno a manos del otro. Creonte, cuñado de Edipo y nuevo gobernante de la ciudad, decreta honras para Eteocles y un castigo infamante para Polinices, cuyo cuerpo debe quedar insepulto en el campo de batalla, expuesto a las aves y a los animales carroñeros. Para los griegos, negar la sepultura era una afrenta grave que dejaba al muerto sin descanso.
Antígona, hermana de ambos, decide enterrar a Polinices de todos modos. Su hermana Ismene, más temerosa de la autoridad, se niega a acompañarla. Cuando un centinela descubre que alguien ha cubierto el cadáver con un poco de tierra, Creonte ordena investigar, y la culpable resulta ser Antígona, que confiesa sin negarlo. En el debate con el rey, ella sostiene que las leyes divinas, no escritas e inmutables, están por encima de los decretos humanos, y se muestra inflexible incluso ante la muerte. Creonte la condena a ser encerrada viva en una cueva.
La tragedia despliega el conflicto entre dos concepciones del deber: el vínculo familiar y religioso que defiende Antígona y el orden civil que encarna Creonte. Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, intenta en vano convencer a su padre, y la discusión termina en ruptura. El adivino Tiresias advierte al rey de que los dioses están irritados y de que pagará con la pérdida de un hijo su obstinación. Creonte, finalmente, cede, pero llega tarde: Antígona se ha ahorcado en la cueva, Hemón se suicida junto a ella y, poco después, su madre, Eurídice, se quita también la vida. El rey queda solo, consciente de que su orgullo le ha costado todo.
La obra ha sido objeto de lecturas muy diversas a lo largo de la historia. Hegel la tomó como ejemplo del choque entre dos derechos igualmente legítimos, y en el siglo XX fue reinterpretada por numerosos autores y dramaturgos como símbolo de la resistencia frente a la tiranía. Su influencia perdura en el teatro, la filosofía y la literatura occidentales.
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