AutorGottfried Leibniz1646–1716La Monadología es uno de los textos en los que Gottfried Leibniz condensó su filosofía hacia el final de su vida. Lo redactó en francés durante su última estancia en Viena, entre 1712 y septiembre de 1714, como exposición concisa de su sistema. Tras la muerte del autor, Christian Wolff y sus colaboradores lo dieron a conocer en traducciones alemana y latina en 1720 y 1721, mientras que el original francés no se publicó hasta 1840. Su título procede de la palabra griega «monas», unidad, al que Leibniz se aficionó a mediados de 1696, cuando preparaba la publicación de su Nuevo sistema. Antes que él, el término había aparecido en autores como Marsilio Ficino, Giordano Bruno o Anne Conway.
El texto consta de unos noventa párrafos numerados y encadenados, que parten de la definición de las mónadas como sustancias simples, sin partes y, por tanto, indivisibles, y van construyendo después el resto de la realidad. Las mónadas son unidades dinámicas, dotadas de percepción y de apetito, que no tienen ventanas al exterior: cada una refleja el universo entero desde una perspectiva propia y cambia de un estado a otro por un impulso interno. Leibniz distingue entre mónadas simplemente vivientes, las almas capaces de percepción y memoria y los espíritus o almas racionales, capaces de apercepción, es decir, de conciencia de sí. Los cuerpos compuestos, en cambio, son fenómenos resultantes de esas sustancias y no realidades últimas. Dios es la mónada perfecta e infinita, única necesaria, que percibe todas las demás con claridad absoluta y de la que todas derivan.
La tesis central del texto es que, en lugar de interactuar, las mónadas se coordinan por una armonía preestablecida dispuesta por Dios, de modo que cada una se despliega según sus propias leyes y, sin embargo, el conjunto parece actuar en concierto. Con ello Leibniz pretende resolver el problema de la relación entre mente y cuerpo, superando el dualismo cartesiano sin caer en el panteísmo de Spinoza. De esta base deduce el principio de razón suficiente, según el cual todo tiene una razón para ser, y concluye que el mundo actual es el mejor de los posibles, pues contiene la mayor variedad de fenómenos sobre la base del menor número de principios. La obra tuvo gran influencia en la filosofía posterior, desde las discusiones sobre el idealismo y la naturaleza de la materia hasta la reflexión sobre la conciencia y las ideas innatas, que Kant tomaría como punto de partida en varios aspectos de su crítica de la razón.
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