AutorTeofrasto370 a. C.–286 a. C.La Historia de las plantas (en griego, Περὶ φυτικῶν ἱστοριῶν) es una de las obras fundamentales de Teofrasto de Ereso (c. 371-287 a. C.), discípulo y sucesor de Aristóteles al frente del Liceo. Se escribió en la segunda mitad del siglo IV a. C., probablemente entre c. 350 y c. 287 a. C., y se conserva en nueve de sus diez libros originales. Es, junto con la Historia de los animales de Aristóteles, uno de los primeros grandes tratados de historia natural de la Antigüedad, y su importancia para la botánica es tal que Linneo llamó a Teofrasto «padre de la botánica».
El texto no está pensado como una obra de lectura continuada. Su estilo condensado, lleno de listas de ejemplos, sugiere que son apuntes de trabajo que Teofrasto empleaba en sus lecciones, y que revisó repetidamente hasta su muerte, sin llegar a darle forma definitiva. Teofrasto describe las plantas atendiendo a su estructura, a su reproducción y crecimiento, a su distribución geográfica, a la madera que producen y a sus usos prácticos, sobre todo alimenticios y medicinales. Su mayor novedad es el intento de clasificarlas según el modo en que se reproducen, un planteamiento inédito en la historia de la botánica, aunque las divisiones que propone son, según reconoce el propio autor, aproximadas.
El plan general se organiza en bloques temáticos. El primer libro trata de la anatomía vegetal: hojas, flores, frutos, semillas, raíces y madera, y establece una distinción básica entre árboles, arbustos, hierbas perennes y plantas anuales. El segundo aborda la propagación, ya sea espontánea, por semilla o por partes vegetativas. Los libros tercero a quinto se ocupan de los árboles silvestres, de los árboles y arbustos llegados de otras regiones y de la madera, con observaciones sobre su uso en carpintería, construcción naval o producción de carbón. El sexto describe arbustos y plantas espinosas, el séptimo las hierbas y el octavo los cereales. El noveno, el más influyente en la tradición posterior, recoge los jugos, gomas y resinas de uso medicinal y explica cómo recogerlos.
La obra se apoya en fuentes diversas, entre ellas los vendedores de drogas y los recolectores de raíces, y menciona unas quinientas especies. Tras su redacción permaneció en manos de la escuela peripatética y fue una referencia constante en la Edad Media. Se tradujo al latín en el siglo XV, se editó en griego en 1495-1498 y alcanzó gran influencia en el Renacimiento junto a la Historia natural de Plinio y el De materia medica de Dioscórides.
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