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Retrato de Plutarco
Imagen: Wikimedia Commons

Plutarco

40–120 · filósofo moralista, historiador y biógrafo griego

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Origen y familia

Plutarco nació en Queronea, una pequeña población de Beocia, hacia el año 46 o 50 de nuestra era, durante el gobierno del emperador Claudio. Queronea conservaba el recuerdo de su pasado glorioso en la historia griega, pero en su época era apenas una localidad modesta. Pertenecía a una familia acomodada y arraigada en la zona desde hacía generaciones. Su padre se llamaba Autobulo y su abuelo Lamprias, un hombre culto que aparece como interlocutor en sus Charlas de sobremesa. Tuvo al menos dos hermanos, Timón y Lamprias, este último sacerdote en Lebadea. Las obras de Plutarco reflejan un vínculo afectuoso con su familia, y en particular con Timón.

Formación en Atenas

Gracias a la fortuna de sus padres pudo estudiar filosofía, retórica y matemáticas en Atenas hacia el año 67. Su maestro principal fue Amonio, que enseñaba en la Academia y que lo orientó hacia las matemáticas, aunque Plutarco sentía más inclinación por la ética. Un título de una obra perdida, Amonio, o de la no convivencia voluntaria con el mal, sugiere ese interés moral temprano. Se considera platónico, aunque mantuvo un diálogo constante con los aristotélicos, con quienes discutía en sus escritos.

Viajes y primeros cargos públicos

Terminados sus estudios regresó a Queronea, pero su ciudad le encomendó asuntos administrativos ante el procónsul romano de Corinto. Hacia el año 67 emprendió un viaje de estudios que lo llevó a Alejandría y a Asia Menor, donde probablemente visitó Esmirna, entonces un importante centro de la llamada segunda sofística. Participó quizá en los misterios de Eleusis. A su regreso ejerció como magistrado en Queronea y representó a su pueblo en misiones a otros países. Ejerció el arcontado en su localidad natal, cargo anual que desempeñó más de una vez.

Su amigo Lucio Mestrio Floro, cónsul romano, le facilitó la ciudadanía romana, y Plutarco adoptó entonces el nombre de Lucio Mestrio Plutarco. Según el cronista Jorge Sincelo, Trajano lo nombró ya en la vejez procurador nominal de la provincia de Acaya, lo que le permitía vestir las insignias de cónsul. Visitó Roma al menos en tres ocasiones, hacia el final del reinado de Vespasiano, hacia el año 88 y durante el de Domiciano, y allí trató con senadores e intelectuales de la alta sociedad. Entre ellos destacan Quinto Sosio Seneción, dos veces cónsul, que fue también su huésped en Grecia y a quien dedicó varias obras, y Cayo Julio Antíoco Epífanes Filopapo.

El sacerdocio en Delfos

Hacia el año 95 Plutarco fue nombrado uno de los dos sacerdotes del templo de Apolo en Delfos, un santuario que había perdido gran parte de su antiguo esplendor. Sus funciones incluían interpretar las respuestas de la pitonisa, aunque ocupaban una parte modesta de su tiempo. En los años noventa, con el apoyo de mecenas griegos y posiblemente del propio poder imperial, Delfos vivió una notable reconstrucción. Un retrato dedicado a Plutarco por su labor en la recuperación de los santuarios se ha conservado en el museo arqueológico del lugar, aunque su identificación no es del todo segura. Sobre el oráculo escribió De la sílaba «e» en el templo de Delfos, De los oráculos en verso y De la cesación de los oráculos.

Su vida familiar transcurrió en Queronea. Con su esposa, Timoxena, tuvo varios hijos, de los que la mayoría murió joven. La muerte de una hija pequeña, también llamada Timoxena, le inspiró el Escrito de consolación a su esposa. Sus hijos Autobulo y Plutarco aparecen dedicatarios de algunos de sus escritos, como el tratado sobre el Timeo de Platón.

El idioma y el alcance de su obra

Plutarco se movió con comodidad en griego, la lengua de la cultura culta incluso en Roma, donde la élite era bilingüe. No aprendió bien el latín hasta una edad avanzada, cuando lo necesitó para sus trabajos históricos. Su dominio fue limitado: cita pocas obras latinas y a veces las malinterpreta. Entre los poetas latinos menciona sobre todo a Horacio, y parece haber ignorado a Virgilio y Ovidio.

El llamado catálogo de Lamprias, atribuido a uno de sus hijos, enumera 227 títulos, de los que se conservan cerca de la mitad. Su obra se divide en dos grandes grupos: las Vidas paralelas y los Moralia, una colección de opúsculos de muy variado contenido.

Vidas paralelas

Su obra más famosa son las Vidas paralelas, biografías de griegos y romanos ilustres dispuestas por parejas para comparar sus virtudes y defectos. Plutarco no pretendía escribir historia en sentido estricto, sino explorar cómo el carácter, bueno o malo, influye en la vida y el destino de los hombres. Así lo expresa al comienzo de la Vida de Alejandro: no interesan tanto las batallas como un dicho, una anécdota o un gesto que revelen la índole de una persona.

Se conservan veintitrés pares y cuatro vidas sueltas. Entre las más conocidas figuran las de Alejandro, César, Pericles, Cicerón, Catón, Antonio, Bruto, Coriolano o Teseo. Su retrato de Alejandro es una fuente valiosa, con anécdotas que no aparecen en otros autores. Plutarco tampoco es un historiador riguroso: cita de memoria, asume información de terceros y a veces comete errores, pero sabe distinguir entre el relato verosímil y el legendario, como advierte al inicio de la Vida de Teseo. Se perdieron algunas vidas importantes, como las de Heracles o Filipo II de Macedonia.

Los Moralia y el pensamiento

Los Moralia reúnen unos setenta y ocho escritos de temas diversos, recopilados con este título por el monje bizantino Máximo Planudes en el siglo XIV. Incluyen tratados de ética, política, filosofía, teología, zoología, pedagogía y crítica literaria, además de diálogos de tono humorístico como Odiseo y Grilo. Destacan Sobre Isis y Osiris, fuente fundamental para la religión egipcia y quizá su última obra, y las Cuestiones convivales, en nueve libros, una de sus obras más amplias.

En filosofía fue un platónico abierto a influencias peripatéticas y estoicas, aunque rechazó con firmeza el epicureísmo. Concedía poca importancia a las cuestiones teóricas y se interesaba sobre todo por la moral y la religión. Defendía una idea pura de Dios frente al materialismo estoico y al ateísmo epicúreo, reconocía la libertad de la voluntad y la inmortalidad del alma, y atribuía un papel a los demonios como intermediarios. Su ética se vincula estrechamente con la religión. Algunas de sus ideas, como la vida virtuosa basada en la moderación, reflejan una visión de la conducta humana en la que la razón debe guiar el carácter.

La colección de los Moralia incluye también obras apócrifas, atribuidas a un autor anónimo llamado pseudo-Plutarco, como las Vidas de los diez oradores o Sobre la música, escritas probablemente entre los siglos III y IV.

Recepción y legado

Plutarco fue leído con gran interés en la Antigüedad tardía y en el Renacimiento. La traducción francesa de las Vidas paralelas por Jacques Amyot, publicada en 1559, tuvo una influencia decisiva en Europa. Montaigne, que la leyó con admiración, la usó como modelo para sus Ensayos, y Shakespeare tomó de la versión inglesa de Thomas North pasajes de varias obras. Rousseau conoció las Vidas desde niño y admiraba la descripción de Esparta. Durante la Revolución francesa sus héroes inspiraron tragedias, y Napoleón lo tuvo entre sus lecturas favoritas. En España se tradujo desde el siglo XIV, y Quevedo escribió una versión glosada de la Vida de Bruto. Emerson lo llamó «una biblia para héroes».

Hoy se le reconoce como uno de los grandes prosistas griegos, un narrador capaz de unir erudición y curiosidad sin caer en la pedantería, y como un testigo indispensable de la cultura helenística y romana.

Ideas clave

  • Vidas paralelas: biografías de griegos y romanos emparejados para comparar sus virtudes y defectos morales comunes.
  • El carácter como clave: los rasgos personales, más que las grandes gestas, explican las decisiones y los destinos de los hombres.
  • Moral práctica: la virtud se forma con el hábito y la filosofía debe orientar la conducta cotidiana y la vida pública.
  • Religiosidad racional: rechazó tanto el escepticismo como la superstición y defendió una fe moderada y razonada.

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Curiosidades

Un sueño ascendente

Según Artemidoro, en su Onirocrítica, poco antes de morir Plutarco soñó que subía al cielo guiado por Hermes.

Un personaje de ficción

Apuleyo, autor de El asno de oro, convirtió a su protagonista en descendiente de Plutarco.

Latín tardío

Plutarco aprendió latín ya bastante mayor, cuando necesitó consultar fuentes latinas para sus obras históricas.

Maestros e influencias

Influyó en

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