
Nāgārjuna
150–250 · filósofo budista indio, fundador de la escuela madhyamaka
Contexto histórico y datación
Nāgārjuna vivió, según la estimación más aceptada, entre los años 150 y 250 de nuestra era, en un momento en que la India estaba políticamente fragmentada en varios estados, entre ellos el Imperio kushán y el reino satavahana. El budismo ya se había dividido en numerosas escuelas y se había extendido por toda la India, y el movimiento mahāyāna, aunque minoritario, comenzaba a circular con textos como el Aṣṭasāhasrikā Prajñāpāramitā. No existe consenso sobre su fecha exacta ni sobre su lugar de nacimiento. Las biografías más extensas, una en chino y otra en tibetano, se redactaron siglos después de su muerte y mezclan hechos históricos con material legendario.
Origen y lugar de nacimiento
La tradición sitúa su nacimiento en el reino de Andhra, en el sur de la India, en la actual región de Andhra Pradesh. Esta localización se apoya en el análisis de algunos textos, en particular la carta Ratnāvalī, que se cree escrita en la zona baja del valle del Krishna. Algunas fuentes tibetanas lo vinculan a la casta brahmánica, mientras que la biografía china de Kumārajīva relata que su madre lo dio a luz bajo un árbol arjuna, de donde procede su nombre. Su nombre sánscrito combina las palabras nāga, una raza o ser asociado a las serpientes y a los reinos acuáticos, y arjuna, un término que alude al color claro y al árbol homónimo.
Vínculo con la dinastía satavahana
La tradición budista lo relaciona con la dinastía satavahana, que gobernó la meseta del Decán. La carta Suhṛllekha, atribuida a Nāgārjuna, va dirigida a un rey del sur de la India conocido como Sātavāhana, y los estudios del Ratnāvalī sugieren que fue escrita hacia el último tercio del siglo II, durante el reinado de Yajña Śrī Śātakarṇi. Esta conexión, junto con evidencias arqueológicas en Amarāvatī, ha llevado a situar su actividad principal en esa época. Walser añade que probablemente escribió el Ratnāvalī en un monasterio mixto, donde los mahāyānistas eran minoría, y que la región en torno a Dhanyakataka, la actual Amarāvatī, fue su escenario más probable.
Leyendas de su juventud
Las narraciones tibetanas, recogidas por Tāranātha, cuentan que una profecía le concedió solo siete años de vida, por lo que fue enviado a Nālandā, donde se hizo discípulo del abad Rāhula, quien le enseñó mantras para prolongar su existencia. Se le atribuyen dominio de los sutras, prácticas esotéricas, alquimia y un elixir que le otorgó un cuerpo de diamante. Durante una hambruna, habría transformado metales en oro para comprar grano; como la sequía persistió, Rāhula le reprochó la falta de compasión y le ordenó erigir 108 monasterios, mil templos y diez mil santuarios. Para ello invocó a los nāgas, quienes le pidieron predicar el dharma en su reino, donde obtuvo manuscritos de tratados, entre ellos el célebre Prajñāpāramitā. Estas historias son legendarias y no pueden verificarse.
La versión china de Kumārajīva, más antigua, presenta a un joven brahmán prodigio que, junto a cuatro compañeros, se hizo invisible para seducir a las mujeres del palacio real. Descubiertos, fueron perseguidos y solo él sobrevivió. Tras reflexionar sobre el sufrimiento y el deseo, ingresó en el budismo. Según estas fuentes, estudió los piṭakas en noventa días y debatió con maestros de otras doctrinas, pero juzgó insuficientes los sutras que conocía y se propuso reformularlos. Un rey naga le dio acceso a textos que nadie más poseía, y tras estudiarlos durante noventa días alcanzó la comprensión del no-surgir de todas las cosas. Estos relatos reflejan la visión que de él tenía la tradición posterior, más que una biografía verificable.
Obra principal y su estructura
Su obra más conocida es el Mūlamadhyamakakārikā, los Versos fundamentales del camino medio, escrito hacia el año 150 de nuestra era. Está formado por versos concisos en sánscrito que examinan conceptos como la causa, el tiempo, el movimiento, el cambio, la identidad personal y la percepción. Su método consiste en mostrar que las teorías que atribuyen a las cosas una naturaleza propia e independiente llevan a contradicciones, de modo que todo fenómeno carece de esencia y es vacío. Las traducciones y comentarios de esta obra se multiplicaron en chino, tibetano, coreano y japonés, y sigue siendo estudiada hoy.
La tradición le atribuye numerosos textos, aunque muchos son pseudoepigráficos. Entre los que se consideran auténticos por una parte de la crítica figuran el Śūnyatāsaptati, el Vigrahavyāvartanī, el Vaidalyaprakaraṇa, el Yuktiṣāṣṭika, el Catuḥstava y el Ratnāvalī, así como la carta Suhṛllekha y el Bodhisaṃbhāraśāstra. El historiador tibetano Buton consideraba que los seis primeros formaban el corpus del razonamiento, mientras que otros especialistas discuten la autoría de obras atribuidas posteriormente a otros autores llamados también Nāgārjuna, como un tratadista de alquimia o un maestro tántrico.
Ideas centrales: vacuidad y dependencia
El concepto nuclear de su pensamiento es la vacuidad, śūnyatā. Para Nāgārjuna, todos los fenómenos carecen de svabhāva, es decir, de una sustancia o naturaleza propia, permanente e independiente. Su argumentación no se basa en un único razonamiento maestro, sino en el desmontaje sucesivo de las teorías sustancialistas. Recurre con frecuencia al tetralema de la lógica india, que examina las cuatro posiciones posibles: que algo sea, que no sea, que sea y no sea, y que no sea ni sea ni no sea. Con ello pretende dejar al lector sin posiciones a las que aferrarse.
En el primer capítulo analiza la causalidad. Examina las cuatro posibilidades de que algo surja de sí mismo, de otra cosa, de ambas o de ninguna, y las rechaza todas. Concluye que causa y efecto son interdependientes, no sustancias independientes, y que esa dependencia es también conceptual. Por ello la vacuidad no equivale a nihilismo: es, según él, la única explicación coherente de que las cosas puedan surgir y funcionar. La noción de origen dependiente, pratītyasamutpāda, se convierte así en la clave de su sistema.
Epistemología y doctrina de las dos verdades
Nāgārjuna discutió también los medios de conocimiento, los pramāṇas, frente a la escuela nyāya. Examinó si la percepción, la inferencia o el testimonio pueden fundarse en sí mismos, en su coherencia mutua o en sus objetos, y mostró que cada una de estas opciones conduce a regresiones o a círculos viciosos. Su conclusión es que los instrumentos de conocimiento y sus objetos se establecen mutuamente por un proceso relativo de construcción conceptual.
De ahí procede la doctrina de las dos verdades. La verdad convencional es la que se expresa mediante el lenguaje y las prácticas compartidas, y la verdad última consiste en que todo es vacío, incluida la propia vacuidad. Para Nāgārjuna, la vacuidad no es un fundamento metafísico, sino un remedio contra las opiniones erróneas, que una vez disueltas también se disuelve a sí misma. Advierte que concebirla como una realidad última es tan peligroso como sostener mal una serpiente.
Ética, mahāyāna y la figura del bodhisattva
Aunque es sobre todo un filósofo, Nāgārjuna escribió también obras religiosas como el Ratnāvalī, la carta Suhṛllekha y el Bodhisaṃbhāraśāstra. En ellas distingue dos dimensiones del dharma: la del ascenso, que proporciona bienestar y buenos renacimientos, y la del bien supremo, que conduce a la liberación por medio de la sabiduría. Ambas se relacionan jerárquicamente, pues la primera prepara la segunda, y la fe guía a la práctica de la virtud mientras la sabiduría revela la vacuidad.
Su ética se apoya en las virtudes mahāyāna, como la generosidad, la no violencia y las seis perfecciones, y en el ideal del bodhisattva que aspira a la iluminación por el bien de todos los seres. Según sus intérpretes, la vacuidad disuelve la separación entre el yo y los otros y, por tanto, las motivaciones egoístas, de modo que la compasión universal encuentra en ella su fundamento más adecuado.
Recepción y legado
Su influencia fue inmensa. El budismo mahāyāna lo considera un maestro fundador, y en el budismo tibetano recibe el título de «segundo Buddha». Su doctrina de la vacuidad dio lugar a una tradición de comentarios que se prolongó durante más de un milenio en la India, China, el Tíbet, Corea y Japón. Las escuelas chinas sanlun, el budismo de Asia oriental y la tradición zen lo reconocen como precursor, y la escuela de la Tierra Pura, así como el budismo esotérico, lo incluyeron entre sus patriarcas. En la India, su pensamiento influyó en la filosofía durante siglos, en diálogo y polémica con el nyāya y otras escuelas.
En Occidente, la comparación con el escepticismo pirrónico ha suscitado debate: algunos autores han sugerido que hubo influencias recíprocas o al menos paralelismos notables. Sus ideas siguen generando intensos debates académicos sobre la interpretación de la vacuidad, el estatus de la verdad convencional y el alcance de su anti-fundacionalismo, lo que confirma la vigencia de un pensador que, según la tradición, desmontó toda pretensión de fundamento absoluto.
Ideas clave
- Vacuidad (śūnyatā): ninguna cosa tiene una esencia propia e independiente, porque todo surge en dependencia de causas y condiciones.
- Camino medio: posición que evita tanto afirmar la existencia absoluta de las cosas como negarla por completo.
- Crítica de las posiciones extremas: mediante argumentos, Nāgārjuna muestra que las tesis absolutas conducen a contradicciones.
- Base del Mahāyāna: sus tratados defendieron esta corriente y sentaron las bases filosóficas de la escuela madhyamaka.
Curiosidades
Un nombre ligado a un árbol
Según la biografía china más temprana conocida, su madre lo dio a luz bajo un árbol arjuna, del que tomaría su nombre.
Un elixir legendario
Las tradiciones tibetanas le atribuyen un elixir de larga vida y la capacidad de convertir piedras en oro, rasgos que pertenecen más a la leyenda que a la historia.
Maestros e influencias
Discípulos
- Chandrakirti 600–650
- Aryadeva 200–250
Influyó en
- Ken Wilber n. 1949
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