
Barlaam de Seminara
1290–1348 · monje basiliano, teólogo y matemático calabrés
Barlaam de Seminara fue un monje basiliano, teólogo, humanista y matemático nacido hacia 1290 en Seminara, Calabria, en un entorno griego y ortodoxo. Su importancia reside en la polémica que sostuvo en el Imperio bizantino con Gregorio Palamás sobre el hesicasmo, la corriente mística de la oración de la Iglesia ortodoxa oriental.
Hacia la década de 1320 se estableció en Constantinopla, donde ganó la confianza de círculos eclesiásticos y políticos y obtuvo una cátedra en la universidad gracias al emperador Andrónico III. Realizó misiones diplomáticas a Nápoles, París y Aviñón, donde conoció a Petrarca. Entre sus obras figuran tratados contra los latinos y una Logística en griego sobre el cálculo con enteros, fracciones y sexagesimales.
Sostenía que Dios es, en última instancia, incognoscible: las manifestaciones divinas, como la luz del Tabor, eran efectos creados y no la esencia misma de Dios. Desde esa premisa criticó a los monjes hesicastas por su pasividad y por sus pretensiones de contemplar una luz increada. Palamás le respondió con sus Tríadas, que se convirtieron en base doctrinal de la mística bizantina. Barlaam fue excomulgado en 1341 y terminó pasando a la Iglesia católica. Su influencia perdura sobre todo a través de la polémica, que ha marcado la lectura occidental del misticismo bizantino.
Ideas clave
- Incognoscibilidad de Dios: la esencia divina es inaccesible al conocimiento humano, de modo que solo podemos conocer sus efectos.
- Energías creadas: para Barlaam, la gloria y la luz que describen las Escrituras son efectos creados, no emanaciones increadas de Dios.
- Crítica al hesicasmo: la oración contemplativa de los monjes del Athos le parecía pasiva y, en la práctica, cercana al mesalianismo.
- Defensa del saber profano: sostenía que la formación intelectual, incluida la sabiduría helénica, era necesaria para la perfección del monje.
Curiosidades
Un apodo que perduró
Barlaam llamó a los hesicastas «omphaloscopoi», es decir, mirones de su propio ombligo. Ese apodo ha teñido buena parte de la literatura occidental sobre los místicos bizantinos.
Maestro de Petrarca
Durante su estancia en Aviñón, Barlaam enseñó a Petrarca los rudimentos de la lengua griega, según las fuentes de referencia.
Maestros e influencias
Discípulos
- Petrarca 1304–1374
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