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Retrato de Anaxarco
Imagen: Wikimedia Commons

Anaxarco

379 a. C.–319 a. C. · filósofo griego atomista y escéptico primitivo, amigo de Alejandro Magno

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Anaxarco de Abdera fue un filósofo griego de finales del siglo IV a. C., heredero de la escuela atomista de Demócrito y precursor directo del escepticismo que después desarrollaría Pirrón, su discípulo. Su importancia reside sobre todo en ese puente entre dos tradiciones, aunque apenas se conservan sus escritos y lo que sabemos de él procede de anécdotas de dudosa historicidad.

Fue discípulo de Diógenes de Esmirna y, a través de él, de Metrodoro de Quíos. Acompañó a Alejandro Magno en su expedición a Asia y llegó a ser amigo y consejero del rey. Junto a él viajó también Pirrón, al que enseñó a mantener la indiferencia ante las circunstancias externas. Su papel en la corte resulta contradictorio en las fuentes: unas le presentan como adulador, pues aconsejó adorar a Alejandro en vida, y otras como un crítico mordaz que se burlaba de las pretensiones divinas del monarca. Se le atribuyen ocurrencias célebres, como preguntar si Alejandro podía lanzar truenos como Zeus, o la broma sobre el pescado (kephalos) y las cabezas (kephale) de los tiranos durante un banquete en Tiro, hacia 331 a. C., que le granjeó la enemistad de Nicocreón de Chipre.

Su pensamiento parte de la idea de que la percepción humana no se corresponde con la realidad: lo que percibimos puede ser engañoso, semejante a una escena pintada, a un sueño o a la locura. De ahí deduce un escepticismo de carácter práctico. Ante la incertidumbre, el único fin razonable es la felicidad o eudaimonía, que exige cultivar la adiaforía, es decir, la indiferencia ante las perturbaciones. Tratar de distinguir por los sentidos lo verdadero de lo falso resulta inútil y perjudica la tranquilidad. Como no podemos saber si una acción es buena o mala, tampoco cabe perseguir el bien en sí mismo, sino la felicidad. En su obra Sobre el reinado defendió que la amplitud de conocimientos puede ser provechosa o dañina, y que el verdadero sabio se distingue por saber qué decir y cuándo decirlo.

Su muerte, según la tradición, fue trágica. Tras naufragar en Chipre cayó en manos de Nicocreón, que lo hizo machacar en un mortero. Se dice que soportó el castigo burlándose de sus verdugos y que, al ser amenazado con la pérdida de la lengua, se la cortó de un mordisco y la escupió al tirano. Estas anécdotas lo convirtieron en modelo del autodominio del sabio. Su influencia se percibe sobre todo en Pirrón y en el escepticismo posterior, que recogió su idea de la suspensión del juicio y su búsqueda de la serenidad.

Ideas clave

  • Apariencia y realidad: lo que percibimos puede ser falso y engañoso, como una escena pintada o un sueño.
  • Escepticismo práctico: ante la incertidumbre, conviene renunciar a fijar la verdad por los sentidos y atender a lo que da tranquilidad.
  • Eudaimonía y adiaforía: el fin de la vida es la felicidad, que requiere la indiferencia ante las perturbaciones.
  • Felicidad sin bien absoluto: como no sabemos si una acción es buena o mala, la guía de conducta es la felicidad y no el bien en sí.
  • Saber y oportunidad: el sabio no es quien acumula conocimientos, sino quien sabe qué decir y cuándo decirlo.

Curiosidades

La pregunta sobre los truenos

Según las fuentes, al oír tronar sobre el palacio preguntó a Alejandro si podía lanzar rayos como Zeus. El rey, riendo, respondió que se abstendría para no asustar a los cortesanos.

El tropiezo en el pantano

Cuando Anaxarco cayó en un pantano, Pirrón pasó de largo sin socorrerle. Lejos de ofenderse, Anaxarco elogió a su discípulo por seguir la impasibilidad que él mismo le había enseñado.

Maestros e influencias

Maestros

Discípulos

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