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Retrato de Al-Hallaŷ
Imagen: Wikimedia Commons

Al-Hallaŷ

858–922 · místico sufí, poeta y predicador persa

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Abu l-Muzig al-Husayn ibn Mansur, conocido como Al-Hallaŷ, fue un místico sufí, poeta y predicador de origen persa, y una de las figuras más polémicas de la historia islámica. Vivió en el califato abasí en el siglo IX y X y escribió en árabe, lengua que adoptó tras perder la capacidad de hablar persa en su juventud. Su figura importa porque marcó un antes y un después en la mística islámica y porque su ejecución lo convirtió en un símbolo para el sufismo posterior.

Nació hacia 858 en al-Bayḍā', en la provincia de Pars, en una familia humilde; su apellido alude al oficio de cardador de algodón. Según la tradición, su abuelo había practicado la religión zoroastriana antes de la islamización de la región. Memorizó el Corán antes de cumplir los doce años y estudió con Sahl al-Tustarī. En Basora se casó y recibió el hábito sufí de ʿAmr Makkī, con quien más tarde tuvo desavenencias. Viajó a Bagdad para consultar a Junayd, que le aconsejó no emprender una peregrinación a La Meca, pero él la hizo de todos modos. Visitó La Meca en varias ocasiones y recorrió tierras de Asia Central y la India.

De regreso a Bagdad abandonó el hábito sufí para predicar con más libertad. Defendía una unión íntima con Dios, accesible a todos y sin depender de rituales ni de intermediarios, y describía esa experiencia como el encuentro entre amante y amado. Su frase Ana l-Haqq, «Yo soy la verdad», fue entendida por unos como una afirmación de divinidad y por otros como la desaparición del yo ante Dios. Los juristas la consideraron una blasfemia contra la trascendencia divina y una amenaza para el orden social. Implicado en las luchas políticas de la corte abasí, pasó largos años en prisión. Fue condenado y ejecutado en Bagdad en marzo de 922, en un castigo cruel que incluyó golpes, azotes, decapitación o ahorcamiento y la quema de su cuerpo. Algunos historiadores creen que el motivo fue político más que religioso.

Su legado es doble. Por un lado, su visión de la unión con Dios fue reconocida por poetas posteriores como Attar y Rumi. Por otro, la tradición sufí lo recordó como mártir, y en el siglo XX Louis Massignon le dedicó una extensa investigación, aunque muchas de sus interpretaciones hoy se discuten. De su obra escrita se conserva muy poco. El texto más citado es el Kitāb al-Ṭawāsīn, fechado hacia el año 902, en el que la fórmula «Yo soy la verdad» aparece dentro de un marco de signos divinos y participación mística, y no como una simple afirmación personal.

Obras clave

  • Kitāb al-Ṭawāsīn (hacia 902): el texto más importante que se conserva de su pluma, donde la fórmula «Yo soy la verdad» se sitúa dentro de una reflexión sobre los signos divinos y la participación en la Verdad.
  • Dīwān (poemas atribuidos): colección de versos de tono místico que se le atribuyen, con fecha de composición incierta.

Curiosidades

Cardador de conciencias

Según la tradición, se le llamaba «el cardador de conciencias» porque se creía que podía adivinar los pensamientos secretos de otros. El apodo juega con el significado de su apellido.

Una lengua abandonada

Según las fuentes, durante su juventud perdió la capacidad de hablar persa y a partir de entonces escribió exclusivamente en árabe.

Un cenotafio arrastrado por el río

Tras su ejecución se levantó rápidamente un cenotafio en el lugar, que atrajo peregrinos durante mil años hasta que una inundación del Tigris lo arrastró en la década de 1920.

Maestros e influencias

Influyó en

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