AutorJohn Dewey1859–1952El arte como experiencia es la obra mayor de John Dewey dedicada a la estética. Nació como las primeras William James Lectures pronunciadas en Harvard en 1932 y se publicó en forma de libro en 1934. Dewey había tratado temas estéticos desde la década de 1880 y los había retomado en Democracia y educación (1915) y en Experiencia y naturaleza (1925), donde esbozó ya los fundamentos de una teoría de la experiencia estética. El libro es, en buena medida, la culminación de ese camino.
La tesis central consiste en desplazar el centro de la reflexión artística. En lugar de considerar la obra material como lo esencial, Dewey propone entender el arte como un proceso completo cuyo elemento fundamental es la experiencia que se desarrolla en quien la percibe y en quien la crea. El objeto expresivo no pierde importancia: pasa a ser el lugar donde se encuentran el artista, el espectador activo, su entorno material y mental, y la cultura en su conjunto. La experiencia, en este sentido, es algo que afecta personalmente a la vida, y de ahí su relevancia para la vida social y educativa.
Para describir el acto mismo de experimentar, Dewey se apoya en sus teorías biológicas y psicológicas, en particular en la psicología funcional que desarrolló y en su crítica al arco reflejo. El ser humano, al que llama «la criatura viva», mantiene un intercambio sensorial constante con el entorno, y esa relación es la base de su teoría. De ahí se sigue que el arte no es algo aislado de la existencia cotidiana, sino su intensificación: una experiencia que hace más vivo lo que es valioso en el disfrute.
El libro se opone a las teorías que, desde Kant y el idealismo alemán, han separado el arte elevado de la vida común y han favorecido formas clasicistas. Dewey defiende el valor de las artes populares y de las actividades cotidianas bien hechas, y sostiene que sacralizar el arte y encerrarlo en museos lo aleja de la comunidad. Atribuye en parte esa separación a factores históricos como el capitalismo, el nacionalismo y el imperialismo.
Dewey distingue además entre la experiencia en general, continua pero a menudo fragmentaria, y «una» experiencia, completa y unificada, que tiene principio, desarrollo y cierre propios y una cualidad singular que impregna todo el conjunto. Lo estético se caracteriza por esa unidad, por la presencia de la emoción como fuerza que da cohesión, y por la conjunción de lo artístico, ligado al hacer, y lo estético, ligado a la percepción y al disfrute.
La obra tuvo una recepción amplia y su enfoque se ha aplicado a disciplinas tan diversas como la educación, la crítica cultural y los nuevos medios. Su insistencia en la continuidad entre arte y vida cotidiana la convierte en un texto de referencia para quienes buscan una estética que no quede reservada a una élite.
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