Solipsismo
Concepto · Filosofía
Doctrina según la cual solo la propia mente es cierta y la realidad externa resulta incognoscible o depende del yo.
El solipsismo es la doctrina filosófica según la cual solo la propia mente puede tener certeza de existir; la realidad externa, incluidas las otras mentes, resulta incognoscible o, en sus formas más radicales, existe solo como representación del yo.
El término procede del latín solus ipse, que puede traducirse como «solo yo mismo». Sin embargo, la definición filosófica no se reduce a su etimología. Como advierten los estudiosos, confundir el solipsismo con el egocentrismo es un error frecuente: el primero es una tesis metafísica o epistemológica sobre la naturaleza de la realidad y del conocimiento, mientras que el segundo es una actitud psicológica de centrar la atención en uno mismo.
La idea tiene antecedentes muy antiguos en el pensamiento autorreflexivo, y se suele vincular con el relativismo extremo de los sofistas. Platón, con su doctrina de las ideas trascendentes, se opuso a esa deriva. En la Edad Moderna, la duda metódica de René Descartes, con su hipótesis del genio maligno, abrió el camino a formulaciones solipsistas, y George Berkeley, al negar la existencia de la materia pero no la de las mentes, ofreció otros argumentos. En la literatura, el monólogo de Segismundo en «La vida es sueño» de Calderón de la Barca expresa una inquietud semejante. El primer uso documentado del término aparece en 1645, en un panfleto de Giulio Clemente Scotti.
Los autores distinguen varios grados. El solipsismo metafísico sostiene que solo el yo existe realmente. El epistemológico afirma que solo podemos conocer nuestros contenidos mentales, y deja abierta la cuestión del mundo externo. El metodológico es una variante agnóstica que se usa sobre todo como experimento mental para examinar los fundamentos del conocimiento. Ideas próximas aparecen también en el taoísmo y en algunas interpretaciones del budismo, aunque estas buscan más bien disolver la distinción entre el yo y el mundo.
Las objeciones clásicas son varias. La más conocida señala que el solipsista también muere, y que la propia muerte, el dolor o las necesidades biológicas parecen escapar a la voluntad del sujeto, lo que sugiere una realidad independiente. Otra objeción apunta a que el solipsista necesita un lenguaje para pensar su posición, y el lenguaje sirve para comunicarse con otras mentes. Los defensores responden que estas experiencias pueden atribuirse a la propia mente, pero la cuestión sigue sin resolverse de forma concluyente.
Hoy el solipsismo se discute sobre todo en la filosofía de la mente y en el debate sobre el problema de las otras mentes. Muchos filósofos consideran que, aunque no puede refutarse de forma definitiva, resulta irrelevante para la práctica, porque no podemos escapar a la percepción de un mundo que parece independiente de nosotros.