
Jámblico
245–325 · filósofo neoplatónico sirio de la Antigüedad tardía
Jámblico (c. 245-325) fue un filósofo neoplatónico nacido en Calcis, en la región siria de Celesiria, hoy Qinnasrin. Se le considera también neopitagórico, y su obra marcó una dirección nueva dentro del neoplatonismo, al que dio una forma más sistemática y religiosa. Descendía, según las fuentes, de la dinastía emesena, y su nombre aparece unido a la reflexión sobre la teúrgia, la práctica ritual destinada a unir al alma con lo divino.
Su formación comenzó con Anatolio de Laodicea y continuó con Porfirio, discípulo de Plotino. Las diferencias con Porfirio fueron de fondo: Jámblico otorgó más peso a los ritos y a facultades del alma superiores al intelecto para tratar con lo divino, y defendió que el alma está encarnada en la materia, que a su juicio también es divina en cierto modo. Esta postura lo separó de Plotino, que había situado el alma en un plano distinto del cuerpo. Según la tradición, la obra Sobre los misterios de los egipcios recoge la respuesta de Jámblico a las objeciones de Porfirio contra la teúrgia, presentada bajo el nombre de un sacerdote egipcio llamado Abamón; la autoría completa de ese texto es discutida.
Hacia comienzos del siglo IV regresó a Siria y fundó una escuela en Apamea, ciudad conocida por sus neoplatónicos, que después trasladó a Dafne. Allí diseñó un programa de estudio de Platón y Aristóteles, del que hoy solo se conservan fragmentos de sus comentarios. Su máxima autoridad fue Pitágoras, a quien dedicó una Vida de Pitágoras y una colección de doctrinas pitagóricas, de la que sobreviven los primeros cuatro libros. Otras obras conservadas son el Protréptico, una exhortación al estudio de la filosofía, y los escritos sobre matemáticas y aritmética.
Su sistema es un despliegue jerárquico que parte de la Mónada, de la que surgen el Nous y el alma. Multiplicó las entidades divinas según criterios matemáticos: doce dioses celestes, setenta y dos dioses derivados, veintiún jefes y cuarenta y dos dioses de la naturaleza. Entre lo divino y lo material situó seres intermedios que influyen en los fenómenos naturales y pueden ser alcanzados mediante plegarias y ofrendas. Para él, la naturaleza está sometida al destino, mientras que lo divino escapa a él y puede reconducir el mal hacia fines buenos.
Su influencia fue considerable. Sus discípulos Sópatro de Apamea y Dexipo continuaron su línea, y su impronta alcanzó a la Academia de Atenas, en especial a Siriano, Proclo y Damascio. El emperador Juliano lo tuvo en alta estima, y en el Renacimiento su nombre volvió a circular, a menudo acompañado de epítetos como «divino». Hoy se le estudia como puente entre Plotino y el neoplatonismo tardío.
Ideas clave
- La Mónada: principio único y primero del que procede todo lo demás en la jerarquía de su sistema.
- La teúrgia: práctica ritual que permite al alma comunicarse con los dioses y elevarse por encima de la razón.
- El alma encarnada: el alma desciende a la materia y se vincula a ella, sin que esa materia sea del todo inferior.
- La jerarquía divina: multiplicación de dioses, ángeles, demonios y héroes ordenados según principios matemáticos.
- El destino y el bien: la naturaleza está sometida al destino, pero lo divino transforma el mal en un fin bueno.
Curiosidades
Una carta célebre
Según las fuentes, el emperador Juliano afirmó que daría todo el oro de Lidia por una sola de sus cartas.
Un anónimo sofista
Su obra conserva unas diez páginas de un sofista desconocido, hoy llamado «Anonymus Iamblichi».
Maestros e influencias
Maestros
- Porfirio 233–301
Influido por
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