
Mary Shepherd, nacida Primrose, fue una filósofa escocesa de principios del siglo XIX, perteneciente a la tradición empirista y a la discusión epistemológica que se desarrollaba en Edimburgo. Aunque publicó solo dos libros, en 1824 y en 1827, Robert Blakey la recordó como una figura de notable influencia en la filosofía edimburguesa de su tiempo.
Nació en 1777 en el castillo de Barnbougle, junto al Firth of Forth, cerca de Dalmeny, en la familia del tercer conde de Rosebery. Se formó en casa con un tutor, Pillans, que le dio una educación exigente y personalizada en historia, matemáticas, geografía y latín. En 1808 se casó con el abogado Henry John Shepherd y se trasladó a Londres, donde vivió el resto de su vida. Su marido se interesaba más por el teatro, pero el matrimonio le permitió dedicarse a la filosofía con bastante libertad.
Sus dos libros examinaban cuestiones centrales de la teoría del conocimiento. En el primero analizó la relación entre causa y efecto, criticando a David Hume, Thomas Brown y el fisiólogo William Lawrence. En el segundo abordó la percepción de un mundo externo, argumentando contra el idealismo de George Berkeley y contra la confianza de Thomas Reid en el instinto natural. Su correspondencia muestra una reflexión constante sobre estos problemas, y mantuvo debates con aficionados a la filosofía como John Fearn.
Su influencia se percibe sobre todo en su círculo. William Whewell llegó a usar uno de sus trabajos como texto en Cambridge, y amigos como Charles Babbage, David Ricardo y Samuel Taylor Coleridge reconocieron su aporte. Murió en Londres en 1847.
Ideas clave
- Causalidad: examinó la relación entre causa y efecto y cuestionó la forma en que Hume y Brown la explicaban.
- Percepción del mundo externo: sostuvo que la percepción exige una realidad extensa fuera de la mente, frente al idealismo de Berkeley.
- Crítica del instinto natural: rechazó que Reid pudiera fundar el conocimiento en un instinto natural sin análisis racional.
- Rigor lógico: defendió un razonamiento claro y riguroso frente al discurso vago e ilógico, tanto en filosofía como en literatura.
Curiosidades
Una educación a medida
Su tutor Pillans le enseñó historia, matemáticas, geografía y latín, y nunca se la obligó a estudiar materias que no le interesaran.
Un poema de Coleridge
Samuel Taylor Coleridge le dedicó un poema inédito en el que la describe como una estudiosa desesperada, con una mente tan intensa como el azul del cielo.
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